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El ojo mágico de la puerta

Alfredo y  Elisa  se  preparan en la intimidad de su  casa,
sin saber que les miran, que hasta sus silencios son audibles,
aquello  que  no  se  dicen y que a  lo mejor ha llegado el momento  de  enfrentar.

La contemplación lleva consigo una carga mística o filosófica, asumiendo que quien se entrega a ella está en contacto con una observación calmada, profunda y expansiva. Está implícito en el acto de la contemplación una mirada posada en un paisaje externo o interno, en una testificación de la alteridad o de uno mismo o en el mejor de los casos de la unidad que eso conforma.
Solemos olvidar, en este contexto, que observar es también sinónimo de contemplar y cuando se trata de hacerlo por la mirilla, de hacerse invisible o entrar con la mirada por las ventanas entreabiertas de la vecindad, hasta la ley intervendrá para condenar la contemplación.

El impulso de querer mirar entre la verja o por la cerradura nos asalta y entramos en el ámbito de lo privado sin consentimiento y sorprendiendo a quien no lo desea, o no sabe si lo desea, o reprime su deseo de ser vista, visto, o quizá no se sienta con la seguridad suficiente para saber que su manera de moverse por la casa, puede llegar a ser un acto digno de contemplación.

Tantas veces queremos atisbar, ver, voir, ser vouyer sin riesgo, sin ánimo de violencia, sin sentirnos bajo condena de manuales que determinan que la contemplación excluye el placer de velar la sencilla y rica intrahistoria cotidiana. Podéis mirar, podéis entrar, aquí podréis filtraros a través del ojo mágico de la puerta.

Compañía:
Carlos Javier Sarmiento

Dirección:
Carlos Javier Sarmiento

Interpretación:
Mara Castilla
Carlos Javier Sarmiento
Laura Amor

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